Corazón a papel

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Shabbat inesperado

Decimos “recordemos su muerte y resurrección”, y tratamos… pero jamás nos quedamos quietos en medio de esos dos eventos.

El sábado Él yacía en una tumba oscura.

Todos se fueron a casa y se metieron a la cama durante el Shabbat, técnicamente “soltando todo”, pero en realidad, bastante inquietos acerca de lo que sólo parecía pérdida y se sentía como caerse en un pozo profundo.

El día ordenado por el Señor para descansar y declararle al mundo “no somos Dios”, fue precisamente el día que Él escogió para que su carne se volviera fría y su corazón humano dejara de latir. El cuerpo de Jesús yacía un sábado. Venas vacías, manos traspasadas y quietas, pies heridos y descalzos. Trabajo terminado. ¿Y nosotros? Como esos primeros discípulos, nos preguntamos, nos angustiamos, nos movemos de lado a lado como leones enjaulados. Sábado Santo… ese espacio sagrado aparentemente inseguro llamado incertidumbre, en el que nos inclinamos a pensar como la pequeña manada que lo seguía entonces… “está en silencio. Se fue. Se acabó.”

No queremos incertidumbre o misterio, de veras trabajamos duro para evitarlos, peleamos contra vernos al espejo de la Verdad de quién Elohim es y al verlo, darnos cuenta de quiénes somos nosotros. Amamos aferrarnos a la ilusión de estar a cargo, así que queremos apurar las cosas… “Si, si, si, Él murió en una cruz, ¡pero el domingo ya viene!” Decimos rápido. “Si si si, Él  sufrió, pero se levantó ves?”…volamos sobre ese sábado silencioso con los ojos cerrados. Soñamos como niños… “¿ya vamos a llegar?”.

Pero hay tanto para nosotros en ese largo silencio del sábado… me atrevo a decir… ¿podríamos sentarnos afuera de la tumba con Él aún adentro? ¿Podríamos hacer un a pausa y hacer lugar para hacer duelo?¿ Intentaríamos masticar despacio el hecho de que el corazón humano de Dios paró completamente un día? Su silencio dice algo, aún cuando rehusamos escuchar. Sus “retrasos” en darnos el final feliz que sabemos que viene, está bien calculado, El no desperdicia nada, ni lo que para nosotros parece como silencio o hasta fracaso.

Y aquí estamos, viviendo en medio de una pandemia y para muchos, se siente como ese sábado otra vez. “Está callado. Se fue. Se acabó.” Nuestra cultura de “victoria” ha perdido un activo de valor eterno: descansar en esos shabbats que preferiríamos no pasar. Preferimos pasar rápidamente por los caminos oscuros y misteriosos que Dios diseñó, aún para Su propio Hijo, y eso siempre nos dejará con menos. Minimizar el dolor es un hábito horrible que nos ha robado la posibilidad de descansar aún frente a la incertidumbre. Hoy podría sentirse como un sábado largo largo en el que nada tiene sentido, pero, pudiera ser una invitación a un Shabbat inesperado, donde descansemos mientras confiamos, aún con ojos llorosos y declaremos al mundo “puede que Él parezca callado, pero no se ha ido, esto no ha terminado… nosotros no somos Dios”.

Mi nombre se pronuncia AISHA… por aquello de las dudas… También estoy en… FacebookTwitterInstagram o Suscríbase por correo electrónico y reciba cada nueva publicación en su correo.

Firma Aixa de López

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